En Chihuahua se levanta una joya arquitectónica que continúa maravillando a propios y extraños: la Quinta Gameros. Construida por el arquitecto colombiano Julio Corredor Latorre —invitado por el entonces gobernador de Chihuahua, Enrique Creel— esta finca es, entre otras cosas, la creadora del monumento a Benito Juárez en Ciudad Juárez. Pero su verdadero esplendor reside en los detalles.
En aquella época, la estética, la ciencia, el arte e incluso la moda estaban dictados por los grupos positivistas conocidos como “los científicos”, quienes acumularon poder y control económico bajo la dictadura de Porfirio Díaz. Su objetivo era el desarrollo industrial a través de un modelo educativo impuesto desde el poder. Para ellos, el lujo, la fineza y las buenas maneras tenían un solo referente: Francia.
Una casona rodeada de jardines y simbolismo
La Quinta Gameros ocupa una superficie de mil metros cuadrados y está rodeada de jardines en tres de sus cuatro frentes. En el acceso principal, cuatro figuras femeninas esculpidas con exquisitez flanquean los pilares que sostienen un portal y los balcones del nivel superior. Una amplia escalera de mármol conduce al portal, enmarcando una fuente que representa una escena de niños pescadores.
La ornamentación exterior abunda en detalles florales, animales y humanos, todos labrados magistralmente en cantera. La casa se distribuye en semisótano, planta baja, planta alta y azotea. En la planta baja, un majestuoso vitral filtra la luz que ilumina una escalera de doble rampa, que ondula en el fondo del vestíbulo principal, iluminado a su vez por un tragaluz ubicado en la planta alta. Allí se encuentran el comedor, la sala, las recámaras principales y un gran salón para recepciones. En cada habitación destacan los trabajos de ebanistería en puertas, ventanas y plafones.
Influencias europeas y un debate estilístico
Óleos de pintores italianos, remates florales esculpidos en madera y figuras femeninas en bajorrelieve —obra de artistas europeos radicados entonces en la Ciudad de México— adornan los interiores. Un corredor circular limitado por un pasamanos de madera tallada rodea la planta alta, desde donde se distribuyen varios salones. Los pisos, tanto en planta baja como en alta, son de fina duela tipo parquet.
Existe un debate académico sobre el estilo que impera en la Quinta Gameros. Sin embargo, una amplia mayoría coincide en que se trata de Art Nouveau, movimiento nacido en Europa a finales del siglo XIX que toma los principios morfológicos de la naturaleza con fines decorativos, surgiendo como una reacción a la civilización industrial. Este efímero estilo se dio a conocer mundialmente en la Exposición Universal de París de 1900, infiltrándose en las artes decorativas y, en pocos años, manifestando su influencia en la pintura, la escultura y la arquitectura.
Como todo movimiento, el Art Nouveau no es completamente ajeno a sus antecesores; en él se encuentran reminiscencias renacentistas, góticas, rococó e incluso orientales.
El mobiliario Requena y el nacimiento del museo
Un espléndido ejemplo de Art Nouveau en la decoración de interiores es precisamente el mobiliario de la familia Requena, originario de la Ciudad de México. Cada detalle de estas extraordinarias piezas fue concebido con la pasión de un conocedor y admirador del “arte nuevo”, presente en muebles, cristalería, enrejados, esculturas, vajillas y joyas.
Sesenta años después de la construcción de la Quinta Gameros, el licenciado Pedro Fossas Requena, nieto del creador de ese portentoso mobiliario, visitó la finca y consideró que era un digno marco para sus piezas, que ya no podía restaurar ni conservar. En 1971, celebró un contrato con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), gracias al cual los muebles Requena se exhiben actualmente en la Quinta Gameros, hoy Museo Regional.
Los arquitectos Lacouture y Siqueiros se encargaron de acondicionar la finca para albergar esta valiosa colección. Así se consolidó la idea de que el estilo arquitectónico de la Quinta Gameros es Art Nouveau, aunque el proyecto original respondía a los lineamientos del neoclásico francés del Segundo Imperio y sorprende también la influencia rococó en los detalles ornamentales.
Un regalo para la recreación
Trabajos complejísimos en maderas talladas, caladas e incrustadas se aprecian en cada mueble. Aves, ángeles, figuras humanas y animales esculpidos con exquisito lujo de detalle. Por todas partes campea una decoración que recuerda a la naturaleza, la exalta, la estiliza y, paradójicamente, la craquela y la aísla del hombre.
Hoy, la Quinta Gameros se erige como un regalo para la recreación y la memoria histórica de Chihuahua, un espacio donde el arte, la historia y la identidad se dan cita para deleite de quienes la visitan.




