Chihuahua cumple 317 años. El futuro también se decide aquí.

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Por Jorge Cruz Camberos

Me gusta Chihuahua. Me gusta vivir aquí, ver cómo cambia y encontrar gente que todos los días se esfuerza por salir adelante. Pero hay algo que me importa más que cualquier festejo: que nuestros hijos tengan oportunidades para quedarse y vivir mejor.

Este 12 de octubre nuestra ciudad cumple 317 años. Vale la pena preguntarnos cómo llegamos hasta aquí y qué vamos a hacer con lo que viene.

Chihuahua nació alrededor de una oportunidad económica. Las minas de Santa Eulalia atrajeron trabajadores, comerciantes e inversión. La discusión era dónde establecer la cabecera: junto a las minas o en la confluencia de los ríos Sacramento y Chuvíscar.

Hubo una votación empatada. Antonio de Deza y Ulloa inspeccionó ambos lugares y decidió por la junta de los ríos. El decreto del 12 de octubre de 1709 dio origen a San Francisco de Cuéllar. El agua y las condiciones para establecer una población pesaron en aquella decisión.

Tres siglos después seguimos hablando de agua, oportunidades y cómo crecer. Hay asuntos que nunca dejan de importar.

Lo que sí cambió fue nuestro tamaño. Para 2026, el Consejo Estatal de Población estima que el municipio tiene 1,041,116 habitantes. Hemos superado el millón. Ahora nos toca conseguir que crecer se traduzca en vivir mejor.

Tenemos una fortaleza que se siente en la vida cotidiana: nuestra clase media. Según estimaciones difundidas por DESEC, alrededor del 66% de la población pertenece a ella. Son familias que trabajan, compran en negocios locales y buscan construir un patrimonio y darles mejores oportunidades a sus hijos.

También destacamos por la formalidad laboral. En el primer trimestre de 2026, Chihuahua registró la menor tasa de informalidad entre las 39 ciudades que compara la ENOE: 26.1%. Casi tres de cada cuatro trabajadores estaban en la formalidad.

Para una familia, eso puede significar seguridad social, prestaciones y acceso a un crédito de vivienda. Hay una base de trabajadores y empresas que contribuyen con impuestos y sostienen buena parte de la actividad económica.

Nuestra industria ha ayudado a construir esa base. Detrás de las plantas y sus proveedores hay hogares, comercios y oportunidades. La relación con Estados Unidos, principal destino de las exportaciones estatales, también se siente en el ingreso familiar. (economia.gob.mx)

Pero estar cerca de ese mercado no basta.

La nueva globalización nos obliga a prepararnos. Otras regiones también buscan inversiones y empleos bien pagados. Tenemos que producir con más conocimiento, desarrollar tecnología y lograr que más empresas chihuahuenses participen como proveedoras.

Para mí, la apuesta más importante es el talento.

El inglés debe estar al alcance de un joven de cualquier colonia. Puede abrirle una entrevista, una carrera o un cliente. Necesitamos formación técnica, herramientas digitales y escuelas mucho más conectadas con las empresas.

Que los estudiantes conozcan lo que sucede en una planta. Que los maestros puedan actualizarse. Que quien ya trabaja tenga opciones para especializarse y ganar mejor.

Y que una familia pueda pagar una casa, atender su salud y llegar a fin de mes con tranquilidad. Esa debe ser la medida del progreso.

También necesitamos participar en las decisiones sobre nuestro futuro.

A los chihuahuenses nunca nos ha gustado que desde el centro nos digan qué hacer sin conocer cómo vivimos. Nuestras distancias, el clima, la disponibilidad de agua y la relación con Estados Unidos deben pesar en las políticas nacionales.

Somos mexicanos y estamos orgullosos de serlo. Pero primero sentimos Chihuahua. Aquí están nuestras familias, nuestro trabajo y la comunidad por la que queremos hacer algo.

Defender lo regional significa exigir que nos escuchen, presentar proyectos y hacernos responsables de lo que nos toca.

Ahora que la conversación política mira hacia 2027, pongamos estas prioridades sobre la mesa. Que los aspirantes expliquen cómo van a formar talento, mejorar los servicios y generar oportunidades. Con presupuesto, fechas y resultados.

Un pacto por el desarrollo y la prosperidad debe ayudarnos a mantener esa agenda, gane quien gane.

Yo sí creo que lo mejor de Chihuahua puede estar por venir. Tenemos capacidad y gente que sigue apostando por esta tierra.

Que nuestros hijos puedan decir “aquí quiero vivir, aquí puedo crecer” sería nuestro mejor regalo de aniversario.

ES! Visión

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