Hay lugares que se descubren caminando sobre la superficie. Y otros, como la mina La Prieta, que solo se revelan descendiendo 90 metros hacia el centro de la tierra, donde el silencio tiene peso y la historia respira en cada pared de roca.
Este sitio, que puso a Parral en los mapas de la minería mundial por su fabulosa producción de plata, es hoy uno de los atractivos turísticos más fascinantes del norte de México. Un viaje al subsuelo que no solo muestra cómo se extraía el mineral, sino que sumerge al visitante en las leyendas, los sacrificios y el esplendor de una época que definió a toda una región.
El único nivel que sobrevivió al agua
De los 25 niveles que conformaban la mina, apenas uno —el segundo— permanece accesible. Los otros 24 quedaron sumergidos bajo el agua, un misterio oculto que solo agudiza la curiosidad de quienes se atreven a bajar.
El recorrido comienza con el descenso por el tiro Aguilereña, una estructura vertical de 900 metros de profundidad —casi un kilómetro— que en su momento de esplendor transportaba a mineros y mineral. Hoy, la tradicional calesa conduce a los visitantes hasta el nivel 2, el único habilitado y seguro para la visita turística.
La calesa: testigo de historias de vida y muerte
En los años de producción, las calesas eran de hasta tres pisos y en cada uno cabían hasta ocho mineros. El objetivo era acelerar el ingreso al interior o el regreso a la superficie. Por el mismo conducto se extraía el mineral, pero hoy, por razones turísticas, el espacio se ha dividido en tres naves.
En la primera, todavía pueden observarse los tubos originales que se usaban para bombear el agua; detrás, un conducto más pequeño que suministraba el aire para la ventilación y el funcionamiento de las máquinas barrenadoras. Una ingeniería que, para la época, resultaba asombrosa.
Ventilación natural y una iluminación que revive el pasado
El nivel 2 está totalmente iluminado y ventilado de manera natural, lo que hace que la experiencia sea aún más envolvente. Apenas siete u ocho metros más abajo, el nivel del agua marca el límite hasta donde llegó el río subterráneo de la ciudad, una frontera líquida que detuvo la explotación pero no la memoria.
Los guías turísticos, parte fundamental del recorrido, van desgranando anécdotas y datos que transportan al visitante a otra época. Entre los objetos que aún se conservan, destacan las camillas utilizadas para trasladar a los mineros heridos o fallecidos.
El curioso detalle de las cobijas oscuras
Uno de los relatos que más impacta a los visitantes es el de las cobijas de color oscuro con las que cubrían a los heridos en las camillas. La razón: evitar que los compañeros que transportaban al lesionado pudieran ver la sangre y desmayarse durante el trayecto.
Una vez envuelta la persona —herida o sin vida— en la camilla, se amarraba en forma de zigzag, ya que acostada no cabía en la angosta calesa. Pequeños detalles que hablan de una vida dura, peligrosa y muchas veces trágica.
Un patrimonio que renace del abandono
Aunque La Prieta fue abandonada cuando dejó de ser redituable, las autoridades locales han sabido rescatar su valor histórico y convertirlo en un imán para el turismo. Hoy, el recorrido por sus entrañas no solo es una lección de historia minera, sino también un homenaje a los hombres y mujeres que forjaron la identidad de Parral desde las profundidades de la tierra.
Bajar a La Prieta no es solo descender 90 metros. Es adentrarse en un mundo donde el sudor, la plata y las leyendas se funden en un relato que sigue vivo, esperando ser contado a quien se atreva a escucharlo.




